Unión de gorrones (UE) y prestamistas (Eurozona), por Albino Prada

Unión de gorrones (UE) y prestamistas (Eurozona), por Albino Prada

Unión de gorrones (UE) y prestamistas (Eurozona)

Es necesario contar con unas políticas de gastos y de ingresos públicos a escala europea que legitimen la nueva UE ante sus ciudadanos, como escudo protector ante las tendencias que alimentan la globalización cosmopolita de las élites mundiales.

ALBINO PRADA

6 DE ABRIL DE 2018

En su discurso de agradecimiento del premio Hannah-Arendt el pasado diciembre, el filósofo Étienne Balibar discrepaba del actual proyecto franco alemán de reforzar el núcleo europeo por aquellos países que acepten dedicar una mayor parte de sus recursos a los fondos comunes del presupuesto europeo y con una disciplina reforzada de deuda pública.

Un proyecto de geometría variable del que se distanciaba por, en su opinión, no cumplir cinco condiciones políticas que debieran ser la base de una necesaria refundación del proyecto europeo.

Entre esas cinco condiciones señalaba la reducción de todas las formas de desigualdad así como la necesidad de dotarse de poderes colectivos supranacionales eficaces contra la evasión fiscal. En definitiva, políticas de gastos públicos y de ingresos públicos a escala europea que legitimasen la nueva UE ante sus ciudadanos, como escudo protector ante las tendencias y conflictos que alimenta la globalización cosmopolita de las élites mundiales.

Gorrones: ¿fondos comunes o ingresos europeos?

Una política de ingresos y gastos públicos a escala de la UE –como la que parece tener en mente Balibar- tiene muy poco que ver con la idea de que cada Estado aporte más recursos al presupuesto europeo.

En este sentido, he analizado no hace mucho tiempo (con Santiago Lago) lo que en la actualidad aporta cada Estado al presupuesto común. Nos encontrábamos con tres anomalías: que el resultado agregado es ridículo para una estructura cuasi federal con moneda propia (un 1% del PIB europeo), que lo que aporta cada Estado nada tiene que ver con su nivel de riqueza y que no existen ingresos públicos europeos de entidad, pues casi todos los recursos son cedidos por los Estados.

En una gráfica, que reproducimos aquí, visualizábamos la segunda anomalía. El lector puede comprobar cómo dos países con semejante nivel de riqueza aportan un 0,9% o un 1,2%; y, al mismo tiempo, que países por debajo del 80% de riqueza media de la UE aportan porcentajes superiores a países que superan el 120% de riqueza media.

Una estructura de ingresos plagada de gorrones que aportan igual (o menos) que otros socios menos ricos. Y que sobre la base de ese gorroneo a los fondos comunes capturan, en la unión de mercado resultante, unos superávits comerciales multimillonarios (como sucede con Alemania, Bélgica o los Países Bajos).

Relación entre la riqueza de cada país (ue=100) y las aportaciones al presupuesto europeo como porcentaje del pib respectivo (2012). Fuente: Lago, S. y Prada, A. (2014)

Para corregir dicho gorroneo, no se trataría tanto de que algunos países aportasen más a unos fondos comunes que seguirían siendo regresivos, sino de contar con ingresos propios europeos que tuviesen un carácter progresivo (basados en figuras impositivas para las que las bases imponibles de los países más ricos aportasen más ingresos en relación a su PIB que en los menos ricos).

Defendíamos un tramo del Impuesto de Sociedades gestionado a escala de la UE (con otro tramo mínimo obligado para cada Estado y para así evitar competencia fiscal) entre otras opciones (IVA europeo, transacciones financieras, etc). Propuestas que no solo garantizan un fuerte (y progresivo) impulso de los ingresos públicos europeos (no cedidos por los Estados) sino que, al tiempo, necesitarían de un andamiaje institucional que dificultase la actual tela de araña intraeuropea de evasiones fiscales.

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Il. Malagón

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