Feminismos y maternidad. Dialoguemos.

Feminismos y maternidad. Dialoguemos.

Autora de Maternidad, Igualdad y Fraternidad

Recientemente ha publicado Pilar Aguilar dos artículos en Tribuna Feminista –“La lactancia es la leche (a veces mala)” y “Maternidad: delirios y feminismo”– en torno a un ácido debate sobre maternidad que se produjo en las redes. La falta de respeto, de conocimiento, y la agresividad por ambos lados en la citada polémica ha sido muy lamentable. Sin sororidad el feminismo no puede avanzar.

Una vez dejado claro esto creo que es necesario dar derecho de réplica a quienes contemplamos la maternidad, la lactancia y una crianza entrañada como experiencias importantes para las mujeres y que desde su base biosocial deberían ser positivas.

No hay aquí espacio para analizar a fondo la posición del feminismo hegemónico en lo relativo a la maternidad, algo que sí hago en mi libro, pero creo que es preciso al menos aclarar algunas cosas y cuestionar varias de las  afirmaciones del artículo “Maternidad: delirios y feminismo”.

Dice Pilar Aguilar en su artículo:

¿Puedes aportar un documento avalado por algún “sector” del feminismo donde se sostenga que maternidad y lactancia se oponen a la lucha contra el patriarcado?

Para contestar a esta pregunta sugiero unas citas de Beauvoir en las que queda claro cómo para ella la autonomía y la emancipación no eran compatibles con la maternidad, algo que ha permeado en el feminismo hasta hoy:

Se dice caprichosamente que las mujeres “tienen enfermedades en el vientre” y es verdad que encierran dentro de sí un elemento hostil: la especie, que las roe. (….) De todas las hembras mamíferas, la mujer es la que está más profundamente enajenada, y la que rechaza con más violencia esa enajenación; en ninguna hembra la esclavización del organismo a la función reproductora es tan imperiosa ni tan difícilmente aceptada….Si se la compara con el macho, este se presenta como infinitamente privilegiado: su vida genital no contraría su existencia personal, pues se desarrolla de manera continua, sin crisis, y generalmente sin accidentes.

Para Beauvoir, solo emulando el ciclo vital del varón se podía alcanzar la “libertad”.

En el artículo también se dice: es totalmente absurdo e infundado (y de vergüenza ajena) asegurar que el feminismo “se opone” -o, por el contrario “fomenta”- la lactancia. Quisiera recordar a Pilar que Beatriz Gimeno, a quien precisamente ella menciona como la especialista de referencia en temas de maternidad tiene un artículo titulado “Estoy en contra de la lactancia materna”. Y otro que dice “Construyendo un discurso antimaternal”.

En cuanto a la afirmación de que El feminismo tampoco ha hecho nunca un catálogo de “sentimientos maternales” ni, menos aún, ha decretado cuáles son “guays” y cuáles no  Quisiera señalar que los términos “maternidad esencialista”, “maternidad intensiva” y otros han sido de uso habitual en el feminismo de las últimas décadas para describir modalidades maternas indeseables.

Hay algo en lo que sí estoy de acuerdo con la autora, y es que la maternidad debe ser siempre de libre elección, y en que la normalización de la contracepción es una conquista fundamental del feminismo.

Afortunadamente la mayoría de las europeas que hemos sido madres en el siglo XXI hemos elegido nuestra maternidad. Sin embargo, la hermenéutica de la sospecha, sabiamente recomendada por Celia Amorós, ha sido usada de manera extensiva e intensiva con las madres hasta el punto de que aquellas que defienden la lactancia y una crianza entrañada son siempre, siempre, siempre sospechosas de alienación patriarcal, por más que demuestren inteligencia, autonomía, compromiso, conocimiento, etc., de manera que a veces no es posible saber dónde acaba una sana hermenéutica de la sospecha y donde empieza una vieja misoginia entre mujeres.

Como es habitual en los textos del feminismo hegemónico, en el artículo muy pronto se deja de hablar de maternidad y se empieza a hablar de “los cuidados” –incluso siendo éste un artículo que lleva en su título la palabra “maternidad”–, y se cita de nuevo a Amorós: no hay que elegir sin más entre cuidado y autonomía; las mujeres debemos cuidar, ante todo, nuestra autonomía. Como condición sine qua non para cuidar las de los otros y poder pedirles, en el diálogo, que cuiden las nuestras a su vez.

La frase de Amorós es perfecta para una mujer que cuida de su padre enfermo de Alzheimer mientras que su hermano no lo hace; pero aplicado a la maternidad, y en concreto a la relación madre-criatura, plantear el cuidado como una relación libre entre iguales o hablar de “dialogo” es absurdo.

Hacer afirmaciones sobre “los cuidados” –ese cajón de sastre-  y creer que se ha hablado de maternidad es una de las grandes confusiones que nos han traído hasta aquí. Y hay que reconocer que en las filas del antimaternalismo, a base de eludir la cuestión durante décadas hay un grave desconocimiento de la maternidad incluso en sus aspectos más “científicos”. El problema del feminismo hegemónico en lo tocante a la maternidad se da más por omisión, ninguneamiento y silenciamiento que por grandes declaraciones. En general, el feminismo es un pensamiento de gran altura intelectual y no suele caer en simplezas. Por eso, cuando la maternidad se trae a colación es invariablemente para analizar maternidades tradicionales alienadas o bien para presentarla como dura carga que impide la plena inserción laboral de las mujeres, y por lo tanto, su emancipación.

He aquí un texto feminista más actual que el de Beauvoir en el que la maternidad sí se presenta como un impedimento en la lucha contra el patriarcado:

Sabemos que el rol de esposa y madre aún están confinados a un desprendimiento de una misma para atender las necesidades ajenas….La figura de la “madre” no sólo alude a quienes efectivamente lo son, sino que se reclama como un atributo definitorio, una cualidad sustancialmente femenina. La maternidad siempre remite a un rol femenino; un hombre se feminiza al adoptarlo y pasa a ser una excepción con una gran valoración positiva…… En cambio, la maternidad es una aptitud de cuidado, de hecho las chicas jóvenes “cuidan” a sus compañeros sentimentales, se ajustan a sus tiempos, a su peculiar forma de ser, o bien se adaptan a sus gustos, o a sus amigos.

Lo cierto es que con este texto de Soledad Murillo* puedo estar de acuerdo prácticamente al 100%, porque de hecho, sí que es cierto que determinadas maneras de entender la maternidad se oponen a la lucha contra el patriarcado: son esas maternidades que Victoria Sau llamaba “madres función del Padre”, y en la experiencia se manifiestan tanto en las maternidades tradicionales impuestas, no deseadas, y basadas en el sacrificio y la entrega; como en las nuevas maternidades utilitarias y desapegadas, también sometidas al patriarcado y al capitalismo (que son hoy indisociables).

Se dice en el artículo: El feminismo nunca ha elaborado ninguna “normativa” sobre cómo, cuándo, dónde (y demás adverbios e incluso preposiciones) parir, amamantar, criar, etc. Bien. Entonces, debemos entender que el feminismo no está en contra de la maternidad y la lactancia, y que son las mujeres desde su libre albedrio y su autonomía las que deben decidir cuánto, cuando, y como maternar y lactar. Totalmente de acuerdo. Sin embargo, el problema es que si esta aseveración se hace ignorando, y por lo tanto validando, las actuales estructuras socioeconómicas y las condiciones que imponen a la maternidad y la crianza, la declaración tiene la misma validez que cuando se sostiene que las mujeres son libres para prostituirse si quieren, o para alquilar sus úteros.

El feminismo hegemónico sí ha elaborado y defendido una “normativa” sobre cómo, cuándo y dónde amamantar y criar, puesto que apoya los permisos iguales e intransferibles de 16 semanas que son de hecho una normativa que impone a las madres trabajadoras un modo muy determinado y limitado de amamantar y criar. Aprobar y respaldar licencias maternas remuneradas de solo 16 semanas para las madres significa apoyar un modelo muy particular de crianza, que encaja en lo que hemos llamado crianza utilitaria y desapegada. Aquí, como no, el feminismo argumenta que es el padre –el gran protagonista de la maternidad igualitarista– y su maravilloso potencial cuidador el que resolverá todos los problemas, una idea que es omnipresente en el proyecto igualitarista, y que asume que la maternidad no existe fuera del modelo biparental normativo.

Ese supuesto está reflejado en la siguiente afirmación, que podría ser la de cualquiera que beba de la ortodoxia del feminismo hegemónico: Aún existe una concepción generalizada en la sociedad y entre algunas parejas e incluso mujeres por la cual la maternidad es un fenómeno que las atañe sobre todo a ellas…** Quienes reivindicamos la maternidad como algo propio de las mujeres creemos que sí, que la maternidad atañe sobre todo a las mujeres; es más, yo diría que la maternidad nos atañe de manera exclusiva, mientras que la paternidad –algo diferente– les atañe a los hombres. Recordemos que la expropiación de la maternidad por parte de los Padres ha sido siempre una operación básica del patriarcado, y que hoy, triunfalmente, esta operación se actualiza en los vientres de alquiler.

En el artículo también se nos explica que el patriarcado, “mediante el engaño y la presión emocional…..nos predica el amor sin límites (romántico, materno o familiar) e intenta convencernos de que, a cambio del amor, debemos aceptar sumisiones, renuncias, dolores y esclavitudes que de otra manera no aceptaríamos. Aquí la autora amalgama el amor romántico, que efectivamente es un constructo puramente patriarcal, con el amor materno, que es un rasgo biosocial de nuestra especie, si bien, como todo lo humano moldeado y manipulado por la cultura. Pero además parece olvidar que el modo más efectivo y contundente por el que el patriarcado ha manipulado el amor materno a lo largo de los siglos no ha sido mediante la presión para que las madres a procuren a su bebé “un amor sin límites” en contra de su voluntad; muy al contrario, lo que históricamente ha usado el patriarcado de manera sistemática para lograr la sumisión de las mujeres ha sido la amenaza de arrebatar a las madres sus criaturas o dañarlas. Por lo tanto, el amor materno no es el constructo patriarcal a deconstruir, sino el factor humano genuino sobre el que el patriarcado construye su opresión. Comencemos por no mezclar las cosas.

El artículo de Pilar Aguilar niega que el feminismo diga que maternidad y lactancia se oponen a la lucha contra el patriarcado. Pero implícitamente descarta la posibilidad de que sean precisamente la maternidad y la lactancia las que se oponen al patriarcado. Y sin embargo, es muy posible que así sea.

Decir que el feminismo hegemónico tiene una visión negativa y errónea de la maternidad no es producto de una “escasa comprensión lectora” de madres alienadas e intelectualmente ineptas por su exceso emotivo –una idea netamente patriarcal y misógina–, ni equivale a “acusar a judíos de comer niños cristianos”…. Sobre todo porque las defensoras de la maternidad, que también hemos sido llamadas “illuminati de la ultracrianza”, no somos hoy un grupo hegemónico – aunque sí numeroso–, más bien somos nosotras las “judías”: tenemos escaso acceso a los medios del poder, y somos habitualmente ridiculizadas y el blanco de frustraciones ajenas.

Como dice Foucault, “el poder es la capacidad de un determinado grupo para imponer su verdad”, –y ahora mismo la verdad oficial es que madres y padres son exactamente lo mismo, que las necesidades de las criaturas son completamente irrelevantes, y que la única vía posible hacia la emancipación es el empleo– pero como dice Nietzche “no hay hechos, hay interpretaciones”, y esas interpretaciones pueden cambiar en cualquier momento histórico.

 


*“¿Ha llegado la democracia a la vida privada?”, Soledad Murillo de la Vega, Espacio PUBLICO- Ágora política – http://www.espacio-publico.com/ha-llegado-la-democracia-a-la-vida-privada#ponenciainicial

**El espejismo de la igualdad: hombres que creen que comparten las tareas de la casa” en eldiario.es, 20/11/2016.  http://www.eldiario.es/economia/Paternidades_0_576392696.html

 

Lee el artículo original aquí.

Phone: T (34) 91 781 47 99
Fax: info@claveintelectual.com, mpires@grupoinsud.com, martinpires@gmail.com, tomas@kasiopea.net
Address: 28046. Madrid, España
Castellana, 13 - 5º