El despilfarro de las naciones, en Tempos Novos

El despilfarro de las naciones, en Tempos Novos

Denuncia del expolio y dispendios ilimitados

Xoán López Facal

Tempos Novos, nº 249 (febrero 2018)

Acaba de ver la luz El despilfarro de las naciones de Albino Prada (Clave Intelectual, Madrid, 2017) un libro singular concebido como alegato contra una economía que expolia los recursos naturales a causa del dispendio ilimitado de las naciones más ricas del planeta, entre las que nos encontramos cómodamente situados.

El saqueo del planeta, del que es paradigma la feroz explotación de los recursos energéticos acumulados en el curso de insondables períodos geológicos –petróleo, gas, carbón- y su desperdicio o dispendio ilimitado en la salón de baile de un Titanic sin rumbo que hoy es nuestro pequeño planeta, formando dos polos suicidas que tienen su envés en la aniquilación: contaminación generalizada de las tierras, aguas y océanos por una parte, miseria, desestructuración social y guerra por la otra.

Albino es científico social -de profesión y vocación- y como tal cultiva esa ciencia, intensa y extensamente sometida a ideologías, que es la economía. Por eso el explícito reconocimiento de los valores que uno defiende es un precepto de honestidad con el interlocutor, así como la competencia en el uso de las herramientas de la profesión, especialmente la estadística. Disciplina académica que naciera para evaluar las ventajas relativas en las apuestas y que en el campo privilegiado de la aritmética social usamos para la descripción y cuantificación de fenómenos y magnitudes. Ciencia del estado y de sus sociedades, auxiliar imprescindible de economistas, sociólogos y politólogos.

La mayor parte de los trabajos del autor, y de aquellos que dedicamos parte de nuestro esfuerzo a la interpretación económica del acontecer social, tienen una sólida base estadística. Me atrevería a sostener que, en gran medida, el trabajo del economista se centra en obligar a hablar a las estadísticas, sin someterlas a tortura; esta última condición es esencial, pero frecuentemente vulnerada cuando se nos presentan números que nada justifican o justificaciones disfrazadas de indumentaria numérica.

Viene a cuento este breve exordio estadístico para subrayar un más que notable bien hacer en el libro que comentamos. Pues El despilfarro de las naciones casi carece de base estadística y de sus inseparables compañeros: gráficos y tablas numéricas. El libro, en realidad, es una antología o florilegio de aforismos, opiniones, dictámenes sobre la gravedad del mecanismo fatal: expolio de la naturaleza  dispendio ilimitado de los países ricos  acumulación de desechos  envenenamiento de la naturaleza; para que, al final, la suma de expolio y de envenenamiento provoque la destrucción del sustrato material que hace posible nuestra vida. El pájaro, suele decirse, no ensucia el propio nido; pero hoy, ciertamente, el pájaro humano es una excepción.

El libro tiene un formato de antología de reflexiones sobre la calamitosa situación a la que nos conduce una codicia depredadora e irracional, que cabalga ante la inconsciencia social, la insolencia analfabeta del gran sheriff americano y la indecisión e indiferencia de una Unión Europea que contempla el silencioso holocausto que acumula cadáveres, en el Mare Nostrum, de las víctimas de la miseria, el despotismo y el negocio de la desesperación.

El libro es, en efecto, un alegato moral más allá del análisis cuantitativo y de la taxonomía del fenómeno denunciado. Un libro, en definitiva, que puede ser leído por quién a él se asome como lo que es: un sobrio sermón moral, ilustrado por un cúmulo de citas -de no pocos santos doctores- sobre las irracionalidades e incontinencias de nuestros consumos innecesarios.

La frugalidad, la mesura, la calma o la reflexión serían los antídotos que esta deriva apocalíptica nos demanda. Virtudes esas que son contradictorias con la bulimia, la desmesura, la aceleración y la irreflexión de cierto robot narcisista y asocial en el que la maquinaria del lucro ilimitado pretende convertirnos, con éxito manifiesto.

El discurso moral de este ensayo convoca como testigos de cargo a economistas, filósofos o escritores, incluso a maestros de la ficción distópica como Ballard del cual se recupera un potente parágrafo post apocalíptico para golpear nuestra imaginación dibujándonos el desastre al que nos dirigimos.

Recientemente asistí a una película que encaja bien en el discurso de este ensayo: Una verdad incómoda, promovido por ese tenaz activista, contra el caos que nos amenaza, que es Al Gore. Su relato se inicia con impactantes imágenes de deshielos del Polo y su correlato en el nivel de las aguas en Miami. Podemos contemplar la pugna de intereses que se dirimen en sucesivas conferencias internacionales (COP) centradas en detener el cambio climático; auspiciadas por Naciones Unidas, desde la COP 3 (1977 Kioto), como más significativa, a la COP 23 (2017 Bonn) que tendrá lugar en estas fechas. El laberinto de negociaciones, mediaciones y asimetrías insuperables entre delegaciones del mundo-norte y del mundo-sur son propias de una novela de intrigas. El olímpico desdén del gran sheriff blanco sirve como contrapunto, y recordatorio, de la distancia abismal que nos separa de aquél gobierno ilustrado para toda la humanidad con el que soñara Kant. ¿Humanidad?: Me first.

Mucho habría que decir de la amplísima selección de testigos de cargo convocados por Albino Prada como lúcidos testimonios para un sumario general que pretende frenar, y a ser posible retrotraer, la catástrofe anunciada. Evocábamos la ignorancia petulante del gran sheriff blanco, pero tal vez sería bueno convocar como testigo de la defensa aquel primo de Mariano Rajoy del que todo ignoramos, salvo el escándalo de que la derecha carezca, al mismo tiempo, de ideas y de escrúpulos: para ellos el cambio climático es un cuento que solo sirve para entorpecer la triunfal marcha de nuestras economías –faltaría más-, mientras las oleadas incendiarias que asolan muchos países cada doce meses serían ataques esporádicos del estado mayor de un nunca aclarado terrorismo incendiario. Certeros análisis científicos que, en ambos casos, pondrían para ellos de manifiesto el odio de los de siempre contra el sentido común de su inmensa mayoría.

Por eso el comentario que me veo obligado a utilizar con demasiada frecuencia es aquél de la primera catilinaria de Cicerón que reza: O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus?. “¡Oh dioses inmortales!, ¡Entre que gentes estamos!, ¡En que ciudad vivimos!, ¡Que república tenemos!”.

Ante un tal panorama la propuesta de Albino, como próximo horizonte utópico, es el de un socialismo decente que remite en su propia formulación a un horizonte moral presidido por un consenso informado, empeñado en preservar la especie humana (quizás la más depredadora que acogió este planeta) imponiendo límites y orden a un metabolismo social incontrolado, de alimentación y de defecación de residuos contaminantes.

Podríamos especular sobre la factibilidad y condiciones de implantación de ese socialismo necesario, aunque es preferible mantenerse en el prólogo de su formulación como hace el autor. Tampoco conviene especular sobre sus principios rectores, más allá del recuadro antinómico presentado por el autor en la página 120 del libro, donde se confronta sociedad de mercado con sociedad decente. Socialismo decente sería, en suma, la transformación social que nos permita transitar de la primera a la segunda. No carecemos de propuestas serias para el socialismo decente al que Albino Prada nos convoca en 2017; para mí la más próxima sería la de Wolfgang Harich (1923-1995) que ya propugnaba una sociedad comunista sin crecimiento, en una atrevida hibridación de Marx con Malthus.


*Traducción del original: Albino Prada Blanco.

 

 

 

 

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