Cinco chistes con los que los ciudadanos soviéticos se reían de Stalin o Breznev en la URSS.

Cinco chistes con los que los ciudadanos soviéticos se reían de Stalin o Breznev en la URSS.

En su libro «Proletarios de todos los países… ¡perdonadnos!» (Clave Intelectual, 2016), el historiador húngaro-argentino Tomás Várnagy repasa algunas de estas bromas o «anekdoty»

MADRID Actualizado:

 

Que tirar de humor ante las situaciones difíciles puede resultar muy útil lo sabemos más o menos todos. En su libro «Proletarios de todos los países… ¡perdonadnos!» (Clave Intelectual, 2016), el historiador húngaro-argentino Tomás Várnagy repasa algunos de los chistes o «anekdoty»con los que ciudadanos de la Unión Soviética se burlaban del regímen que tenían que padecer. Como no podía ser de otra manera, objeto de muchas de sus bromas eran los dirigentes del Kremlin.

Lenin

El primer dirigente de la Unión Soviética murió en 1924, pero quedó en la memoria de los ciudadanos durante mucho tiempo, y no solo por su momia. En su libro, Várnagy cita varios chistes que le vinculan con Stalin o que tratan de la relación entre ambos. Uno, especialmente llamativo por su crudeza, dice así: «Un hombre visita el infierno y ve los diferentes tipos de castigos que se imponen a Stalin y Hitler. Le pregunta a un demonio: ‘¿Por qué Hitler está hundido hasta el cuello de mierda, mientras que a Stalin solamente le llega hasta la cintura?’. El demonio contesta: ‘Porque Stalin está parado en los hombros de Lenin’».

Stalin

Como explica Várnagy en su libro, «los saqueos del Ejército Rojo en los territorios ocupados» se conviertieron en uno de los temas que los ciudadanos soviéticos empleaban para hacer bromas, entre ellas lasprotagonizadas por Stalin. «Churchill, Roosevelt y Stalin se encuentran en Yalta. El primero toma un cigarro de una cigarrera de cuero y la deja abierta sobre la mesa. Los otros dos caballeros advierten la inscripción: ‘Al Primer Ministro Churchill, Salvador del Imperio’. Más tarde, Roosevelt enciende un cigarrillo y deja su cigarrera de plata sobre la mesa, y puede leerse la inscripción: ‘A nuestro presidente Roosevelt, que nos sacó de la Gran Depresión’. Finalmente, Stalin saca una cigarrera de oro, la deja abierta sobre la mesa y puede leerse: ‘Al Conde Esterházy, del Jockey Club de Viena’».

 

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